Quico Alsedo es el nombre (o pseudónimo) que aparece en el blog de música de El Mundo. Publicaba este día 13 una genial noticia sobre que un grupo alemán de música con ideología nazi ha plagiado a El canto del loco, ese supergrupo de la música española. Genial, notición, sino fuera porque, además de ser vieja como el sol (20 Minutos la publicó, ni más ni menos, una semana atrás), llama a la fuente de la noticia "webfriki pajillero".
Otro que se une al club de la supergenial Sara Gallardo.
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viernes, julio 13, 2007
El "web friki pajillero" desactualizado
Temas relacionados medios, música, tecnología
martes, abril 10, 2007
Una canción
Hoy me he levantado acordándome de esta canción. En breve contaré por qué. El tema es de Zénit, del disco "Producto infinito". No suelo escuchar rap, pero hay canciones que merecen una excepción. Y esta es la mía.
La letra dice así:Como peregrinos
todos el camino seguimos
de los que nos enseñaron,
de los que aprendimos
a separarnos de la mierda
cuando vemos que en la mierda nos hundimos.
Y decimos que vencemos
y sabemos que lo hacemos
cuando vamos y vemos
que memos
dicen que perdimos.
La jodimos:
¿cuántos se sublevan?
toda la vida matando tontos
y todavía quedan
Nota: La letra original dice "b-boys" en lugar de "todos".
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lunes, abril 09, 2007
Como echarle caviar a los cerdos
Debo confesar que me hubiera pasado lo mismo. Soy fan de los músicos del Metro (de algunos, al menos). Tengo hasta mis favoritos. Pero no me hubiera parado a escuchar. Ni aunque tocara un famosísimo violinista con Stradivarius incluído.
Se llama Joshua Bell y dicen que es uno de los mejores violinistas del mundo. Yo, que soy un inculto, no le conocía. Y, como tantos otros, no hubiera parado en mitad del Metro a escucharle. Aunque, para quienes frecuenten la madrileña calle Preciados en Navidad, sabrán que vale la pena parar a escuchar a algunos músicos callejeros.
El hombre, Stradivarius en mano, tocó durante 43 minutos en el Metro. Sólo siete personas se pararon a escucharle y apenas le dieron monedas. Era un experimento del que habla Washington Post, que en España ha hecho popular El País, pero que yo conozco gracias a Fogonazos.
El objetivo de esto era ver la poca atención que prestamos a la belleza, lo que consideramos interesante o aburrido... y una feroz metáfora sobre la vida que llevamos hoy en día. Para los que eran tan incultos como yo, un fragmento de su música.
Por cierto: los favoritos a los que me refería antes son, en el Metro de Madrid, el latinoamericano alto, orondo y de pelo blanco que canta estilo Silvio Rodríguez en Avenida de América (alternaba con un violinista bastante aceptable y una joven que se sentaba en mitad del pasillo y no necesitaba micrófono para que se le escuchara), la pareja que alterna la polka con el jazz movido en Gran Vía y uno que me crucé en la Línea 9 cantando canciones brasileñas. Creo que no me dejo a nadie.
AMPLIACIÓN
Me remiten en un comentario a este blog de una músico del Metro de Nueva York, con una perspectiva obvia pero interesante de lo sucedido con Bell:"No te puedes esconder tras tu instrumento y simplemente tocar, con una pared invisible que te separa de tu audiencia, tal y como se hace en un concierto. El músico callejero utiliza a los pasajeros como si fueran pintura y tu música una brocha, tu meta es crear una obra de arte colectiva con esa gente, en el momento y el lugar contigo y tu música".
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